La controversia por la organización de los actos del 14 de septiembre coloca nuevamente en escena la relación entre el alcalde Manfred Reyes Villa y el gobernador Leonardo Loza. La Alcaldía asumió la organización de los actos centrales y anunció la presencia del presidente Rodrigo Paz, mientras la Gobernación prepara actividades propias. Loza, por su parte, decidió no participar en los actos municipales para evitar posibles conflictos. Así, una fecha concebida para celebrar la identidad y la unidad de Cochabamba termina mostrando también la coexistencia de dos agendas institucionales.
El problema no está en que Alcaldía y Gobernación cumplan sus responsabilidades ni en que Cochabamba tenga una celebración digna. El contraste aparece cuando el protagonismo institucional termina ocupando más espacio que las preocupaciones cotidianas de quienes viven de sus ingresos diarios. Para el comerciante, el transportista, el trabajador por cuenta propia, el pequeño empresario o quien busca empleo, el aniversario no resuelve el precio de los alimentos, las ventas que no alcanzan, las deudas o la incertidumbre sobre los ingresos del día siguiente.
El protocolo tiene su lugar, pero la economía de la calle también tiene el suyo. Y hoy esa economía obliga a mirar más allá de quién organiza el desfile, quién ocupa la testera o quién recibe al Presidente. La pregunta que queda para las autoridades es si la celebración puede convertirse también en una oportunidad para hablar de empleo, producción, inversión, servicios y oportunidades reales para los cochabambinos.
Cochabamba necesita celebrar su historia, pero también necesita que sus instituciones estén a la altura de su presente. Porque mientras dos gobiernos pueden disputarse el mismo aniversario, miles de ciudadanos no tienen el lujo de disputar el protocolo: tienen que disputar cada boliviano de sus ingresos.
Por Equipo de redacción
