Los vecinos de K’ara K’ara, en Cochabamba, declararon un cuarto intermedio en el bloqueo al relleno sanitario hasta el 21 de abril, tras firmar un acta de compromiso con el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, la Policía Boliviana y representantes de la Iglesia. Este acuerdo, alcanzado la noche del sábado 5 de abril, busca poner fin a un conflicto que durante 15 días paralizó el ingreso de basura al botadero, generando una acumulación de más de 7,000 toneladas de desechos en las calles, plazas y hospitales de la ciudad. El diálogo, destacado por Del Castillo como “el único camino”, permitió destrabar temporalmente una crisis que expuso las tensiones entre la comunidad y las autoridades.
El acta de compromiso incluye el cumplimiento de una resolución del Tribunal Agroambiental, que ordena el cierre definitivo del relleno sanitario a partir de las cero horas del 21 de abril. “Estaré aquí en persona cerrando el botadero con la Policía Boliviana porque vamos a dar cumplimiento”, afirmó el ministro en la reunión con los vecinos, acompañado por el comandante departamental de Policía, Edson Claure, y el arzobispo Óscar Aparicio. Esta intervención del gobierno central llegó tras semanas de bloqueo, evidenciando la incapacidad de la Alcaldía de Cochabamba, liderada por Manfred Reyes Villa, para resolver el problema por sus propios medios.
El conflicto en K’ara K’ara no es nuevo. El botadero, operativo desde hace décadas, ha superado su vida útil, y las promesas de cierre o traslado han sido recurrentes sin resultados concretos. La resolución del Tribunal Agroambiental, admitida el pasado jueves, respondió a un recurso vecinal que exigía suspender el ingreso de basura, dando un plazo máximo hasta el 20 de abril para recibir residuos. Sin embargo, la Alcaldía no ha presentado un plan claro para manejar las 600 a 800 toneladas diarias de basura que genera Cochabamba una vez que el relleno deje de operar, lo que genera escepticismo entre los habitantes.
Voces como la de Juan Quinteros, vecino de la OTB Villa Galindo, reflejan esta desconfianza. “Dudo que la Alcaldía cumpla porque no planifica ni hace seguimiento a sus propósitos”, señaló, apuntando a una gestión municipal que, pese a promesas como la industrialización de la basura, no ha logrado avances visibles. Reyes Villa ha sugerido que el bloqueo tiene un trasfondo político, pero la falta de soluciones inmediatas pone en duda su capacidad para anticiparse a la crisis, dejando que el problema escalara hasta requerir la mediación del gobierno nacional.
Por su parte, Juana Torrelio, otra vecina crítica, amplía el cuestionamiento al Comité Cívico, la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) y los mecanismos de control social, acusándolos de una fiscalización “poca o casi nula”. También señaló al Concejo Municipal, mayoritariamente alineado con el alcalde, por no cumplir su rol de contrapeso. Esta falta de presión colectiva podría explicar la aparente pasividad de la Alcaldía ante un problema que afecta la salud pública y el bienestar de la ciudad.
El cuarto intermedio ofrece a la Alcaldía una ventana de menos de dos semanas para actuar. Aunque Reyes Villa ha hablado de industrializar los residuos con apoyo privado, no hay detalles sobre cómo se implementará esto antes del 21 de abril. La acumulación de basura en Cochabamba, que ya supera las 7,000 toneladas, exige una solución inmediata, pero el historial de promesas incumplidas alimenta la incertidumbre. El municipio deberá demostrar que puede pasar de las palabras a los hechos en este plazo crítico.
La intervención de Del Castillo, si bien efectiva para calmar las aguas, no resuelve el fondo del problema. El cierre del botadero es solo el primer paso; sin un nuevo sitio o un sistema alternativo, la crisis podría repetirse. Los vecinos de K’ara K’ara, hartos de convivir con el relleno, exigen una solución definitiva, y su paciencia parece agotarse. La pelota está ahora en la cancha de la Alcaldía, que enfrenta el desafío de probar que puede cumplir bajo presión.
Mientras tanto, la ciudadanía observa con cautela. Las críticas de Quinteros y Torrelio reflejan un sentimiento general: sin planificación, seguimiento ni fiscalización efectiva, Cochabamba podría seguir atrapada en un ciclo de conflictos y basura. El 21 de abril será un día clave para medir si las autoridades locales pueden responder a las expectativas o si, una vez más, el problema quedará en suspenso, a la espera de otra intervención externa.
Redaccion central
