El sistema tributario boliviano, concebido bajo la Ley 843 de 1986 y el Código Tributario de 2003, fue diseñado para una economía analógica que no contemplaba los desafíos de la era digital. En este contexto, el Sistema Integrado de Administración Tributaria (SIAT) surgió como la apuesta más ambiciosa del Estado para modernizar la gestión fiscal mediante la digitalización. Sin embargo, lejos de facilitar el cumplimiento, el SIAT ha venido acumulando problemas técnicos y operativos que hoy generan más frustración que soluciones.
El SIAT fue presentado como una plataforma integral para simplificar trámites, reducir la evasión y mejorar la experiencia del contribuyente. Pero en la práctica, los errores de visualización, la duplicidad de declaraciones y las constantes fallas del sistema han erosionado la confianza ciudadana. Los contribuyentes denuncian que el sistema reporta formularios como pendientes aunque ya hayan sido presentados, y que no permite revisar correctamente las declaraciones previas, generando confusión contable y errores involuntarios. A ello se suma la imposibilidad de emitir facturas digitales, lo que afecta gravemente a pequeños negocios que intentan formalizar su actividad.
Otros fallos críticos incluyen errores en la dosificación de facturas, trabas para enviar el Formulario 605 y la imposibilidad de gestionar planes de pago a través de la plataforma. Todo esto ocurre en un entorno donde los plazos tributarios son estrictos, lo que pone en riesgo la situación legal de los contribuyentes y alimenta una percepción de arbitrariedad institucional. Las caídas del sistema en fechas límite, los mensajes de error sin explicación clara y la falta de canales eficientes de soporte técnico refuerzan la idea de un Estado desconectado de las necesidades reales del ciudadano.
El economista y especialista en fiscalidad Mario Pires advierte en su artículo “La evolución normativa tributaria en América Latina y el Caribe: entre la digitalización y la justicia fiscal” (CEPAL, 2023), que la incorporación de nuevas tecnologías en la administración tributaria sin un marco normativo actualizado ni infraestructura adecuada puede agravar los problemas existentes. La experiencia boliviana parece confirmar ese diagnóstico. En un país donde más del 70% de la economía se mueve en la informalidad, el SIAT ha demostrado ser insuficiente para generar un entorno tributario más justo y eficiente. En tanto que el Régimen Simplificado que era considerado transitotio, actúa hoy como un freno para la equidad fiscal y una barrera para la integración plena a la economía formal.
La brecha digital en zonas rurales y la falta de servicios de internet óptimos, agrava aún más el problema. Muchos contribuyentes simplemente no tienen acceso ni herramientas para cumplir con sus obligaciones en línea. Y mientras los formales deben lidiar con un sistema defectuoso, los informales siguen operando sin mayores controles ni incentivos para ingresar al circuito tributario. Esta situación alimenta una sensación de injusticia que deteriora aún más la moral tributaria.
En el plano internacional, Bolivia también enfrenta un rezago preocupante. El país no forma parte de la Convención Multilateral de la OCDE, no aplica estándares como el CRS ni el FATCA, y no ha avanzado en la fiscalización de operaciones vinculadas al comercio electrónico o a los criptoactivos. Pires sostiene que es urgente adoptar los principios del Marco Inclusivo BEPS, especialmente los pilares 1 y 2, para poder gravar de forma más justa los ingresos digitales y participar activamente en la cooperación fiscal global.
Para revertir esta situación y considerando algunas puntualizaciones conceptuales de Pires bien podría la administración tributaria ver la pertinencia de mejorar el SIAT, no solo corrigiendo errores técnicos, sino también facilitando su uso mediante plataformas móviles y un diseño más intuitivo. Asimismo, se debería reformar la Ley 843 y el Código Tributario con una visión digital, que incorpore temas como la protección de datos, la tributación digital y el uso de inteligencia artificial. Posteriormente, debieran implementarse campañas masivas de educación tributaria, asistencia técnica y transparencia institucional para reconstruir la confianza ciudadana. Finalmente, avanzar hacia la adopción de estándares internacionales y una política activa de formalización inclusiva que combine incentivos inteligentes y herramientas tecnológicas para detectar y reducir la evasión.
Bolivia se encuentra en una encrucijada crítica. Puede seguir aferrada a un sistema tributario anacrónico que castiga a los contribuyentes cumplidos y premia la evasión, o puede apostar por una reforma integral que ponga la tecnología al servicio de la equidad, la eficiencia y la legitimidad fiscal. Las ideas están sobre la mesa. Lo que falta es voluntad política, inversión sostenida y un nuevo pacto entre Estado y sociedad para construir un sistema tributario justo, moderno y confiable.
Por Manuel Rodríguez, analista invitado
