En Bolivia, la marraqueta no es solo un pan; es un emblema cultural, un compañero inseparable de los desayunos y meriendas, declarado Patrimonio Cultural e Histórico de La Paz en 2006. Su corteza crujiente y su miga esponjosa han conquistado paladares, posicionándola en 2024 como el tercer mejor pan del mundo según Taste Atlas, con una calificación de 4.4 estrellas. Sin embargo, en 2025, este ícono enfrenta un desafío: la crisis económica ha reducido su tamaño, reflejando las dificultades que atraviesa el país.
Antes, la marraqueta era generosa, ideal para compartir en la mesa familiar con un buen pedazo de queso criollo y una taza de café humeante. Hoy, la inflación galopante —que alcanzó el 9,97% en 2024, la más alta en décadas— y el encarecimiento de insumos como la harina, importada en un 97% desde Argentina, han obligado a los panificadores a ajustar. En Cochabamba, por ejemplo, el precio del pan subió a Bs 0,50-0,60, pero su tamaño se ha reducido notablemente, generando quejas entre los consumidores: “Ya no alcanza ni para las familias más numerosas”, señalan. En La Paz, los bloqueos de 2025, como los reportados el 11 de junio, han agravado la escasez, haciendo que este “pan de batalla” sea aún más difícil de conseguir.

El gobierno subsidia la harina a través de Emapa, pero la distribución irregular y la escasez de divisas han complicado la producción. Los panificadores, atrapados entre costos crecientes y la presión de mantener precios accesibles, optan por reducir el gramaje. Una marraqueta que antes pesaba alrededor de 60 gramos ahora ronda los 40-45 gramos, una diferencia que duele al bolsillo y al corazón de los bolivianos.
A pesar de esto, la marraqueta sigue siendo un orgullo nacional. Su historia, que se remonta a principios del siglo XX con influencias griegas y francesas, y su versatilidad en la mesa —desde acompañar un api hasta un sándwich de chola— la mantienen vigente. Mientras Bolivia enfrenta esta crisis, la marraqueta, aunque más pequeña, sigue siendo un símbolo de resistencia y tradición. Quizás, como el país, solo necesita un poco de tiempo y mejores condiciones para recuperar su antiguo esplendor.
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