La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de bombardear instalaciones nucleares en la República Islámica de Irán ha vuelto a sacudir el escenario internacional. La operación, calificada por sectores diplomáticos como una acción unilateral y altamente riesgosa, reaviva el temor a una guerra en Medio Oriente. Desde Bolivia, las reacciones no tardaron: tanto el presidente Luis Arce como el exmandatario Evo Morales condenaron la agresión militar, apelando a la defensa del derecho internacional y al mantenimiento de la paz global.
En su segundo mandato, Donald Trump retomó su política exterior de presión sobre Irán, esta vez con una ofensiva directa contra infraestructura nuclear, alegando motivos de seguridad y prevención de amenazas. El ataque ha sido interpretado por varios países como una provocación que pone en riesgo no solo la estabilidad regional en el Golfo Pérsico, sino la seguridad global.
La comunidad internacional está dividida: mientras aliados tradicionales de EE.UU. han guardado silencio o emitido comunicados ambiguos, países del Sur Global han elevado sus voces de condena. Bolivia fue uno de los primeros en pronunciarse.
Desde la Casa Grande del Pueblo, el presidente Luis Arce expresó su repudio con un mensaje directo: “Condenamos enérgicamente el ataque arbitrario de EE.UU. a instalaciones nucleares de la República Islámica de Irán. Bombardear objetivos de esta naturaleza no solo pone en riesgo la paz regional y global, sino que vulnera principios fundamentales del Derecho Internacional y la Carta de la ONU”.
El posicionamiento del gobierno boliviano refleja coherencia con su política exterior basada en el respeto a la soberanía, el multilateralismo y el rechazo a la militarización de los conflictos.
A su vez, el exmandatario Evo Morales también se manifestó en tono severo: “Condenamos las agresiones militares de Estados Unidos contra la República Islámica de Irán. Esos ataques en contra de un país soberano violan todas las normas del derecho internacional. Nuevamente llevan al mundo a una guerra. Los pueblos del mundo defenderán la paz con dignidad y con justicia”.
Aunque el conflicto está geográficamente distante, sus efectos podrían sentirse en Bolivia a través de distintos canales.
Uno de los más inmediatos es el económico. Un conflicto prolongado en Medio Oriente puede disparar los precios internacionales del petróleo, lo que encarecería la importación de combustibles en Bolivia y pondría presión sobre los subsidios estatales, que ya enfrentan tensiones fiscales.
También hay implicancias políticas. La coincidencia entre Arce y Morales en la condena al ataque podría fortalecer al oficialismo, pero también reavivar críticas opositoras, que cuestionan la selectividad del discurso internacional del Gobierno y su cercanía con regímenes autoritarios.
En el plano diplomático, Bolivia podría intentar reposicionarse como defensor del derecho internacional en foros como la CELAC o el G77+China. Sin embargo, un enfoque percibido como parcial o ideológico podría aislar al país o debilitar su voz en espacios multilaterales más amplios.
El regreso de Trump al poder y su ofensiva contra Irán reabren el debate sobre el uso unilateral de la fuerza y el rol de las potencias en un mundo multipolar. Bolivia, al alzar su voz, reafirma principios históricos de no intervención y respeto a la soberanía. Pero el desafío ahora será convertir esa postura en una herramienta estratégica sin perder equilibrio ni pragmatismo.
Redaccion central y agencias
