En medio de un viaje cotidiano en trufi por Cochabamba, la conversación con un conductor se transformó en un retrato de las preocupaciones ciudadanas. La subvención al combustible, más que un debate técnico entre candidatos, aparece en la vida real como un dilema de justicia y equidad que define el día a día de miles de familias.
El tema surgió de pronto: la subvención al combustible. “Está bien que los candidatos hablen de apoyar al transporte público”, dijo Esteban con la seguridad de quien vive el problema a diario. Pero enseguida matizó: “No se puede subvencionar a todos. Mi hijo, por ejemplo, tiene un toyotita modelo 86 con el que trabaja, y eso sí merece apoyo. Pero alguien que tiene un Mercedes o un Honda de lujo, ¿también va a ser beneficiado? No es justo”.
El conductor insistió en que la política de subvención debería priorizar a quienes realmente dependen de una sola movilidad para sostener a sus familias, y no a quienes poseen tres o cuatro vehículos. “A esos no hay que subvencionar”, remató antes de que el trayecto llegara a su fin.
La conversación quedó inconclusa, pero su mensaje refleja un sentir común: la necesidad de diferenciar entre el subsidio social y el privilegio encubierto. En el camino a Sacaba, entre historias de trabajo y cotidianidad, la voz de Esteban puso sobre la mesa una pregunta que sigue abierta: ¿para quién debe ser la subvención al combustible en Bolivia?
Redacción central Cochabamba
