Mar. Ago 18th, 2026

El Cerro Rico de Potosí al borde del colapso: la herencia colonial que desafía a Bolivia y preocupa al mundo

El ícono minero que financió al Imperio Español y simboliza tanto la riqueza como el sufrimiento de América Latina enfrenta un deterioro irreversible. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, el Cerro Rico vive una crisis que pone a prueba la capacidad de Bolivia para equilibrar la preservación cultural con la dependencia económica de la minería.

El Cerro Rico de Potosí, conocido como la “montaña que come hombres”, está hoy en riesgo de colapsar tras más de cinco siglos de explotación. Estudios de la Universidad Autónoma Tomás Frías han registrado más de 150 hundimientos, advirtiendo que la cima podría desplomarse si continúan las perforaciones por encima de los 4.400 metros. Aunque el gobierno asegura haber restringido la minería en esas zonas, medios locales reportan hundimientos visibles en la parte alta de la montaña, alimentando la desconfianza sobre la eficacia de los controles.

El gobierno boliviano, a través de la Comibol y el Ministerio de Minería, afirma que los hundimientos actuales responden a explotaciones del pasado. En respuesta, se implementaron medidas como el transporte diario de 1.500 toneladas de material para estabilizar la montaña y la prohibición del uso de maquinaria pesada en las zonas críticas. Sin embargo, la falta de un cronograma claro y las denuncias de incumplimiento de cooperativas mineras ponen en duda la sostenibilidad de estas acciones.

Más allá de la gestión nacional, el Cerro Rico plantea un dilema global: preservar un patrimonio cultural invaluable mientras se garantiza el sustento de miles de familias que dependen de la minería. La ausencia de un plan para diversificar la economía regional, como el turismo patrimonial, profundiza la dependencia extractiva. En comparación, países como Brasil y Perú han apostado por el turismo sostenible en sitios similares, mostrando una alternativa viable que Bolivia aún no consolida.

La UNESCO incluyó al Cerro Rico en la Lista de Patrimonio en Peligro en 2014 y ha instado repetidamente a Bolivia a fortalecer su estrategia de protección. Sin embargo, los esfuerzos han sido fragmentados, reactivos y sin una política de Estado que trascienda los cambios de gobierno. El desafío no es solo boliviano: si el Cerro Rico se derrumba, el mundo perderá un símbolo de la historia universal y una advertencia viva sobre las consecuencias de la explotación desmedida.

La urgencia es evidente: se requiere una acción coordinada entre Bolivia, la comunidad internacional y la UNESCO para salvar la montaña antes de que sea demasiado tarde. El Cerro Rico no puede esperar; lo que está en juego no es solo la estabilidad de una montaña, sino la memoria y el legado de toda una civilización.

Por Juan Condori para CalleBolivia

Portada gentileza El Potosí

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