El oro, activo estratégico de las Reservas Internacionales Netas (RIN), vuelve a estar en el centro del debate económico y político en Bolivia. El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, defendió la actuación del Banco Central de Bolivia (BCB) al señalar que las operaciones de venta adelantada y la inversión del metal precioso en bancos internacionales se realizan “en estricto cumplimiento de la normativa vigente”. Pero sus palabras no disiparon la duda esencial: ¿cuánto oro físico queda realmente en las bóvedas de la entidad?
Montenegro explicó que el oro no se mantiene en las bóvedas del BCB, porque se trataría de un “activo improductivo”, y que desde hace más de 25 años se lo coloca en instrumentos financieros en bancos de países como Suiza y Canadá para generar rendimiento. “Siempre está invertido y ganando retorno todos los días. Sería ilógico y negligente tener las reservas en la calle Ayacucho”, afirmó, aludiendo a la sede de la entidad emisora en La Paz.
La posición oficial, sin embargo, contrasta con las advertencias lanzadas por el expresidente Evo Morales y el candidato Jorge “Tuto” Quiroga. Ambos alertaron que el BCB podría no estar cumpliendo con la disposición que obliga a mantener un piso de 22 toneladas en físico dentro del país. Quiroga incluso advirtió con iniciar procesos legales si se confirma que no se respeta el mínimo fijado por ley.
El debate adquiere relevancia porque el oro representa hoy el principal sostén de las reservas, en un escenario marcado por la caída de divisas y presiones sobre la liquidez. Mientras el Gobierno insiste en que las operaciones del BCB fortalecen el patrimonio nacional y preservan la estabilidad financiera, los críticos sostienen que la opacidad en la información oficial erosiona la confianza y expone a Bolivia a riesgos mayores.
El propio BCB ratificó en un comunicado que todas sus operaciones se enmarcan en la Constitución Política del Estado y en leyes como la 1670 y la 1503, asegurando que los resultados obtenidos son positivos y comparables con las mejores prácticas internacionales. No obstante, evitó precisar cuántas toneladas de oro físico están disponibles en el territorio boliviano.
La tensión queda planteada: por un lado, el discurso gubernamental que prioriza la rentabilidad de las inversiones; por otro, la exigencia política y social de transparencia respecto a un activo estratégico. La pregunta que aún flota en el aire es clara y directa
Redacción central La Paz
