A seis años de su asunción a la Presidencia de Bolivia, Jeanine Áñez reafirmó que su decisión del 12 de noviembre de 2019 fue adoptada “en consideración del estado de necesidad y la activación de la sucesión constitucional”, en un contexto de vacío de poder tras la renuncia de Evo Morales.
En un manifiesto publicado, la exmandataria rememoró que su ingreso al Palacio Quemado respondió a la presión social y las movilizaciones que exigían respeto por el voto popular luego de las denuncias de irregularidades en el proceso electoral de octubre de 2019.
“Asumí la Presidencia en consideración del estado de necesidad y la activación de la sucesión constitucional”, afirmó Áñez.
Áñez destacó que, tras los hechos de 2019, la Asamblea Legislativa procedió a la anulación del proceso electoral cuestionado y convocó a nuevos comicios en 2020, un paso que, según ella, contribuyó a restablecer la continuidad democrática y la pacificación del país.
La exmandataria no ocultó las consecuencias personales que le dejó ese periodo político: “Volvería a aceptarla aún cuando significó una persecución política cruel, injusta e ilegal, que me privó de mi libertad durante casi cinco años de mi vida”, señaló en su mensaje.
En su declaración pública, Jeanine Áñez añadió que se suma a la esperanza del pueblo boliviano y envió sus mejores augurios al gobierno surgido de las urnas los pasados 17 de agosto y 19 de octubre de 2025, llamando a la reconciliación, la libertad, la justicia y la reconstrucción de un Estado más transparente y eficiente.
Observadores políticos recuerdan que la figura de Áñez continúa generando debate en Bolivia: para algunos su asunción fue un acto necesario ante el vacío institucional; para otros, un episodio con aristas jurídicas y políticas que aún persisten en la discusión pública.
