Vie. Oct 2nd, 2026

Maduro insinúa un giro hacia EE.UU., pero Washington calcula con dureza

En medio de una creciente presión internacional y del refuerzo militar de Estados Unidos en el Caribe, el presidente venezolano Nicolás Maduro lanzó un mensaje que busca marcar un giro: ofreció cooperación en la lucha contra el narcotráfico y abrió la puerta a inversiones petroleras estadounidenses. Sin embargo, el gesto llega en un contexto de profunda desconfianza, especialmente tras las acusaciones del expresidente Donald Trump, quien calificó al gobierno venezolano como un “narcoestado”.

La disposición expresada por Maduro no implica un cambio estructural en su política exterior ni interna, sino un ajuste táctico ante el cerco económico y diplomático que enfrenta Venezuela. La economía venezolana sigue dependiendo del ingreso petrolero y de licencias puntuales otorgadas por Washington, lo que explica la insistencia del mandatario en mencionar la participación de empresas estadounidenses como Chevron.

Desde Washington, el escenario es distinto. Trump ha sido claro en su narrativa de presión máxima y mano dura. Para su visión política, Maduro no es un socio estratégico, sino un factor de riesgo y una palanca de presión regional. Cualquier acercamiento, de darse, estaría condicionado a beneficios directos para Estados Unidos y a señales públicas de control en temas como narcotráfico y migración, sin que ello suponga reconocimiento político pleno al gobierno venezolano.

El momento elegido por Caracas no es casual. El mensaje se produce después de operaciones estadounidenses en el Caribe y de un endurecimiento del discurso contra redes criminales transnacionales. En ese marco, la oferta de cooperación aparece más como un intento de ganar tiempo y reducir tensiones, que como una apuesta sincera por recomponer relaciones bilaterales.

Así, el eventual diálogo entre Venezuela y Estados Unidos no se perfila como una negociación entre iguales, sino como un juego asimétrico, donde Washington impone condiciones y Caracas busca oxígeno económico. Más que un giro histórico, lo que se observa es una señal de pragmatismo defensivo del chavismo frente a un escenario cada vez más restrictivo.

Redacción central La Paz

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