Durante una actividad oficial, Saucedo afirmó: “O acompañan la nueva forma de administrar justicia, en ese sentido de hacer las cosas bien, o es mejor que también se vayan a sus casas y den un paso al costado”. El mensaje está dirigido explícitamente a jueces y operadores judiciales, y se inscribe en una línea discursiva orientada a “ordenar la casa”, mejorar la eficiencia y recuperar la credibilidad de un sistema históricamente cuestionado por retardación de justicia y debilidad institucional.
Desde una perspectiva jurídica, el presidente del TSJ ejerce funciones de dirección administrativa y gobierno judicial, pero no tiene competencia para instruir decisiones jurisdiccionales ni condicionar el contenido de los fallos. La Constitución Política del Estado garantiza la independencia de jueces y magistrados, así como su inamovilidad relativa, sujeta únicamente a procesos disciplinarios y evaluaciones establecidas por ley. En ese marco, la exhortación de Saucedo debe interpretarse como un llamado a estándares de conducta, ética y eficiencia, no como una orden vinculante sobre criterios de sentencia.
La advertencia introduce el concepto de una posible depuración interna, entendida como la salida voluntaria o disciplinaria de autoridades que no se ajusten a los lineamientos de gestión. Sin embargo, cualquier proceso de remoción debe canalizarse por las instancias competentes —régimen disciplinario, control interno y órganos de fiscalización judicial— para evitar vulnerar garantías constitucionales. El riesgo jurídico aparece cuando un discurso de orden institucional puede ser percibido como presión jerárquica sobre jueces que deben actuar con autonomía.
El pronunciamiento de Saucedo se produce en un contexto de recomposición del sistema judicial tras años de cuestionamientos por prórrogas de mandato y baja legitimidad ciudadana. Si la advertencia se traduce en mejoras objetivas de transparencia y eficiencia, puede fortalecer la confianza pública. Pero si deriva en mecanismos informales de alineamiento o disciplinamiento político, podría erosionar el principio de independencia judicial, uno de los pilares del Estado de Derecho.
Redacción central La Paz
