Jue. Ago 20th, 2026

Jaime Dunn: el economista que quiere reconectar la política con la calle

En medio de una crisis económica y un creciente desencanto ciudadano, el economista Jaime Dunn emerge como precandidato presidencial por Acción Democrática Nacionalista (ADN), apostando por una fórmula poco común en Bolivia: técnica con rostro humano. Con un discurso que combina datos duros, sensibilidad social y promesas de cercanía con el pueblo, Dunn se presenta como una alternativa frente al desgaste del MAS y la fragilidad de la oposición tradicional. ¿Podrá romper la desconfianza hacia los tecnócratas y liderar una nueva etapa en la política boliviana?

En un país golpeado por la escasez de dólares, la inflación creciente y la pérdida de confianza en sus instituciones, Jaime Dunn ha decidido dar un paso al frente. El economista fue proclamado precandidato presidencial por Acción Democrática Nacionalista (ADN) con miras a las elecciones generales del 17 de agosto de 2025. Su reto es claro: demostrar que los técnicos también pueden hablarle al corazón del pueblo.

Dunn no es nuevo en el debate económico. Ha sido una voz crítica frente a la falta de diversificación productiva y la dependencia de las materias primas. Sin embargo, esta vez no solo analiza desde afuera: busca conducir el país desde adentro del aparato estatal. Lo hace en un momento de alta tensión social y política, con una economía que muestra signos de fatiga estructural.

Durante su acto de presentación, el precandidato esbozó un plan que mezcla propuestas de choque con apuestas a largo plazo. El eje es económico, pero con énfasis en lo social. Entre sus principales promesas están el apoyo a pequeños productores con créditos blandos y asistencia técnica para reducir los precios de los alimentos; facilitar el acceso a divisas para comerciantes e importadores, golpeados por la escasez de dólares; impulsar un programa nacional de empleo juvenil con formación en tecnología y agroindustria; y rediseñar los subsidios a los combustibles, no para eliminarlos, sino para focalizarlos y evitar el contrabando.

“Bolivia no puede seguir dependiendo del gas y los minerales mientras nuestras familias luchan por poner comida en la mesa”, dijo Dunn en su discurso. La frase no pasó desapercibida. Fue un intento calculado por alejarse de la imagen del tecnócrata frío, una figura que ha perdido crédito en el país tras la gestión de Luis Arce.

Dunn sabe que la tarea no será fácil. La ciudadanía ha perdido la fe en los expertos, especialmente luego de que el presidente Arce —también economista— no lograra revertir la caída de las reservas ni contener la inflación. Según Latinobarómetro 2024, apenas el 19% de los bolivianos confía hoy en los economistas. “Arce se enfocó en mantener un tipo de cambio que beneficia a unos pocos, mientras la gente sufre. Yo voy a priorizar que las familias tengan empleo, comida y esperanza”, replicó Dunn.

Consciente de que los números no bastan, el precandidato promete un contacto permanente con la ciudadanía. “No voy a gobernar desde un escritorio. Estaré en las calles, en los mercados, en las comunidades, escuchando y trabajando con ustedes”, aseguró, alzando una whipala como símbolo de unidad y compromiso con la diversidad boliviana.

ADN fue un partido importante en el pasado, pero hoy necesita aliados. Dunn lo sabe y ha iniciado contactos con actores diversos: desde líderes indígenas hasta empresarios y sectores juveniles. Su discurso es amplio: habla de “una coalición nacional” que represente el verdadero rostro del país. “No se trata de un partido, se trata de un país. Quiero que los aymaras, quechuas, cruceños, jóvenes y trabajadores se sientan parte de este proyecto”, remarcó.

Esta estrategia puede ser clave en un escenario marcado por la fragmentación política. El Movimiento Al Socialismo (MAS) está dividido entre “evistas” y “arcistas”, mientras la oposición no logra articular un bloque sólido. Dunn intenta posicionarse en ese vacío, con una oferta que une conocimiento técnico y sensibilidad social.

Jaime Dunn enfrenta un desafío monumental. Debe convencer a una ciudadanía golpeada por promesas incumplidas de que la técnica no está reñida con la empatía, y que su plan no es solo viable, sino necesario. El tiempo corre, y la carrera hacia agosto de 2025 ya ha comenzado. En un país donde la política se hace tanto en las plazas como en los mercados, Dunn quiere caminar junto al pueblo. El primer paso está dado. Falta ver si la fórmula de números con alma logra conquistar no solo la mente, sino también el corazón de los bolivianos.

Redacción central, con información de fuentes oficiales, encuestas de Ciesmori y Latinobarómetro, y entrevistas en terreno.

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