Jorge «Tuto» Quiroga, ex presidente de Bolivia y precandidato presidencial, ha generado debate con su propuesta de implementar el sistema tributario «triple 10» de Paraguay, que fija tasas del 10% para el IVA, la renta personal y la renta empresarial. Inspirado en el crecimiento económico paraguayo, Quiroga sostiene que este modelo podría estabilizar la economía boliviana, atraer inversión extranjera y reducir la burocracia en un contexto de crisis marcado por la escasez de dólares y la inflación. Sin embargo, expertos advierten que la alta informalidad (70%) y las particularidades de Bolivia podrían limitar su efectividad y agravar desigualdades si no se adapta al contexto local.
El modelo «triple 10»: Una apuesta por la simplicidad
El sistema tributario paraguayo, que Quiroga destacó tras reunirse con el presidente Santiago Peña en febrero de 2025, se basa en tres impuestos con tasas fijas del 10%. El IVA, que aporta el 53.4% de la recaudación (6.8% del PIB, según el CIAT), es el pilar del modelo, seguido por los impuestos a la renta personal (2.3%) y empresarial (18.5%). Esta simplicidad ha contribuido a duplicar el PIB per cápita de Paraguay desde el 2000 y a posicionarlo como un destino atractivo para inversionistas, según el Centro Adam Smith para la Libertad Económica. Quiroga argumenta que replicar este modelo en Bolivia incentivaría la formalización y dinamizaría la economía.
«Bolivia necesita un sistema simple y competitivo como el de Paraguay para salir de la crisis y atraer capital», afirmó Quiroga en un evento en Santa Cruz.
Críticas: Inequidad y limitaciones sociales
Pese a sus beneficios, el modelo paraguayo enfrenta críticas que son relevantes para Bolivia. Según un análisis de la BBC, el «triple 10» es regresivo, ya que el IVA afecta más a los sectores de bajos ingresos, que destinan casi todo su ingreso al consumo. En Paraguay, donde el 25% de la población vive en pobreza y el 66% trabaja en la informalidad, la baja presión tributaria (14% del PIB) limita la inversión en salud, educación y seguridad, perpetuando desigualdades. El Centro de Documentación y Estudios (CDE) señala que las amplias deducciones en el impuesto a la renta personal benefician principalmente a los sectores de mayores ingresos, mientras que las exoneraciones (1.9% del PIB) reducen los recursos fiscales sin evaluaciones claras de su impacto.
En Bolivia, con un 36% de pobreza y un 70% de informalidad (según el INE y CEPAL), estas limitaciones son un desafío. «El IVA al 10% podría agravar la desigualdad sin medidas compensatorias. Además, la informalidad reduce su alcance, y el régimen simplificado actual es ineficiente», advierte el economista Carmen Álvarez. El régimen simplificado, diseñado para pequeños contribuyentes como comerciantes y artesanos, recauda menos del 2% de los impuestos y no incentiva la emisión de facturas, lo que complica la integración de los informales al sistema tributario.
Adaptabilidad a Bolivia: Un modelo dinámico como alternativa
La viabilidad del «triple 10» en Bolivia depende de su capacidad para adaptarse a un contexto de alta informalidad y limitaciones administrativas. Richard Gómez conocedor de la materia tributaria, considera que se podría complementar la simplicidad del modelo paraguayo con un enfoque dinámico inspirado en Uruguay, donde el IVA (22% estándar) se ajusta estratégicamente: tasas reducidas del 10% para bienes esenciales, exenciones para alimentos y medicamentos, y descuentos de hasta 9 puntos porcentuales para pagos electrónicos.
«Un IVA al 10% es atractivo, pero debería ser dinámico, como en Uruguay, con descuentos por pagos electrónicos para fomentar la formalización y tasas reducidas para bienes esenciales que protejan a los sectores pobres», explica Gómez. En Uruguay, estos incentivos han reducido la informalidad al 25% y aumentado los pagos electrónicos en un 20% entre 2015 y 2020, según el Banco Central de Uruguay. En Bolivia, donde solo el 30% de la población tiene cuentas bancarias (Banco Mundial, 2023), replicar este modelo requeriría impulsar la bancarización y modernizar el sistema de facturación electrónica.
El principal obstáculo es la informalidad, que limita la recaudación del IVA, ya que muchas transacciones ocurren en mercados no registrados. Además, el régimen simplificado, con pagos que no cubren ni los costos administrativos, necesita una reforma urgente. Gómez sugiere simplificar trámites, implementar facturación electrónica con un sistema robusto disminuyendo riesgos de conectividad o terciarizando el servicio para garantizar el flujo de información sin interrupciones. Sin embargo, el Servicio de Impuestos Nacionales (SIN) enfrenta problemas de burocracia y subjetivación de normas a criterio de la entidad generando inseguridad jurídica, lo que requiere un rediseño en materia administrativa y judicial, como hizo Uruguay con apoyo del BID.
Otro desafío es el impacto fiscal. Reducir el IVA del 13% al 10% podría mermar los ingresos, que representan el 40% de la recaudación tributaria. Para compensarlo, Bolivia debería ampliar la base tributaria, eliminando exenciones innecesarias y fortaleciendo la fiscalización, evitando los errores de Paraguay, donde las exoneraciones representan una pérdida del 1.9% del PIB.
Hacia un modelo híbrido
Para que la propuesta de Quiroga sea efectiva, Bolivia podría adoptar un enfoque híbrido que combine la simplicidad del «triple 10» con la flexibilidad del modelo uruguayo:
- IVA dinámico: Mantener el 10% como base, pero introducir descuentos (8% para pagos electrónicos) y tasas reducidas (5% para alimentos y medicamentos) para mitigar la regresividad.
- Reforma del régimen simplificado: Simplificar trámites, implementar facturación electrónica y ofrecer incentivos para que los informales emitan facturas.
- Tecnología tributaria: Adoptar sistemas como el e-Factura de Uruguay para rastrear transacciones y reducir la evasión.
- Políticas sociales: Financiar transferencias focalizadas con los ingresos de los impuestos a la renta personal y empresarial, protegiendo a los sectores vulnerables.
Es decir que la propuesta de Tuto Quiroga de implementar el «triple 10» ofrece una oportunidad para simplificar el sistema tributario y atraer inversión, pero su éxito en Bolivia depende de adaptaciones que consideren la alta informalidad y la desigualdad. La sugerencia de Gómez de incorporar un IVA dinámico, inspirado en Uruguay, podría ser la clave para incentivar la formalización, estimular el consumo y mitigar la regresividad. Sin embargo, sin una administración tributaria eficiente, mayor bancarización y políticas sociales robustas, el modelo podría no cumplir las expectativas en un país que enfrenta una crisis económica y profundas desigualdades.
Por Manuel Rodríguez, analista invitado
Fuentes: BBC News Mundo, Centro de Documentación y Estudios (CDE), Banco Mundial, Servicio de Impuestos Nacionales, Banco Central de Uruguay
