La Paz, 1 de agosto de 2025. — “Hay momentos que abro las redes y quiero llorar. Francamente, quiero llorar. Me afecta muchísimo. Trato de engrosar la piel, pero me duele mucho, y más por mi familia”. Con estas palabras, Mariana Prado, candidata a la vicepresidencia por la Alianza Popular, evidenció la dimensión humana de la violencia política de género que enfrentan las mujeres en Bolivia, especialmente en campañas electorales.
Durante su participación en el programa “La Mañana en Directo” de ERBOL, Prado no solo expuso el dolor personal que le provoca el hostigamiento en redes sociales, sino que también dejó en claro su firmeza: “No me voy a rendir, no voy a renunciar”.
Las redes sociales, en lugar de ser espacios para el debate democrático, se han convertido en juzgadores sin rostro, donde se emiten ataques y juicios implacables sin responsabilidad ni consecuencias.
El politólogo Carlos Álvarez analizó este fenómeno y explicó que la agresividad en redes muchas veces no es espontánea, sino intencionada y funcional a determinados intereses políticos o personales. “Se entra a la agresividad con la finalidad de afectar emocionalmente a una candidata o candidato. No se busca debatir ideas, se busca quebrarlos”, afirmó Álvarez.
Este tipo de violencia política digital tiene un componente de género profundamente marcado. A diferencia de sus pares masculinos, las mujeres candidatas son blanco de ataques misóginos, cuestionamientos a su vida privada y descalificaciones que nada tienen que ver con sus propuestas o capacidades.
El caso de Mariana Prado refleja con claridad ese patrón: fue ministra de Estado, cuenta con experiencia en gestión pública y ahora apuesta por una candidatura que, sin embargo, ha desatado una ola de hostilidad, muchas veces más dirigida a su condición de mujer que a su proyecto político.
Por Juan Flores para CalleBolivia.com
Portada cortesía Erbol
