En un contexto de fricciones históricas entre ambos países andinos, exacerbadas por disputas comerciales como el tráfico de vehículos indocumentados, los comentarios de Cordero pronunciados el 10 de septiembre en la Cámara de Diputados de Chile marcaron un nuevo punto de quiebre. La diputada independiente, vinculada a la coalición Chile Vamos, reaccionaba a la propuesta del candidato presidencial boliviano Rodrigo Paz (PDC) de legalizar los llamados “autos chutos” —muchos de los cuales, según autoridades chilenas, serían robados— cuando sostuvo:
“Los bolivianos nacieron en el altiplano, por lo tanto, tienen disminución del oxígeno cerebral. Eso produce encefalopatía hipóxica crónica y bradipsiquia, es decir, una tontorronería crónica sin remedio”.
La afirmación, respaldada en un inexistente “estudio estadounidense”, carece por completo de sustento científico. Investigaciones recientes demuestran lo contrario: poblaciones de altura como los aimaras bolivianos han desarrollado adaptaciones fisiológicas que mejoran la oxigenación y resistencia en condiciones extremas.
Reacciones en Bolivia: unidad frente al agravio
El repudio en Bolivia fue inmediato y transversal. El presidente Luis Arce calificó las declaraciones de “racistas y xenófobas”, una afrenta al pueblo boliviano y a la ética médica. El viceministro de Relaciones Exteriores, Elmer Catarina, exigió disculpas públicas y convocó al cónsul chileno en La Paz para pedir explicaciones. Mientras que figuras opositoras como Samuel Doria Medina coincidieron en que se trata de “ideologías descartadas por la ciencia, usadas para alimentar prejuicios”.
En redes sociales, el hashtag #CorderoRacista se viralizó con miles de mensajes que reclamaron respeto y señalaron la ironía de que Rodrigo Paz, el político boliviano mencionado en la discusión, nació en España, a nivel del mar.
En Chile: incomodidad y un historial de polémicas
En el Congreso chileno, voces de la oposición y del oficialismo expresaron incomodidad. El presidente del Senado, José Manuel Ossandón, pidió al Ejecutivo una nota formal a Bolivia para aclarar la situación y advirtió que este tipo de declaraciones “ensucian las relaciones en Latinoamérica, en momentos en que el verdadero enemigo es el crimen organizado”.
Dentro de Renovación Nacional (RN), partido al que pertenece Cordero, varios diputados manifestaron “vergüenza” y recordaron sus antecedentes: sanciones por injurias a la senadora Fabiola Campillai, acusaciones de homofobia contra el exministro Marco Antonio Ávila y comentarios despectivos hacia migrantes bolivianas y peruanas. Analistas políticos chilenos sostienen que este caso refleja una tendencia al extremismo en sectores del Congreso, donde alrededor de un quinto de los parlamentarios enfrenta quejas éticas.
Una herida abierta en la integración regional
Más allá del cruce de declaraciones, el episodio amenaza con profundizar viejas desconfianzas entre ambos países, en un año particularmente sensible para Bolivia, que celebra elecciones presidenciales en octubre. Observadores advierten que el discurso anti-chileno podría ganar espacio en la narrativa electoral, alimentado por incidentes como este.
Desde la perspectiva regional, el caso representa un retroceso en los esfuerzos de integración andina y en la lucha contra la xenofobia. Mientras la Cancillería boliviana ya activó canales diplomáticos, el mundo observa la reacción de Chile: si optará por una respuesta institucional y madura o permitirá que el eco de prejuicios históricos vuelva a profundizar la brecha.
En última instancia, lo que queda en evidencia no es una supuesta “hipoxia cerebral” en los pueblos del altiplano, sino una hipoxia de ideas modernas en algunos espacios del poder político.
Redacción central La Paz
