Dom. Oct 4th, 2026

Entre microdosis y paracetamoles: la economía boliviana en su encrucijada

Gonzalo Chávez lo dijo con la precisión de quien conoce el pulso del país: mientras unos gobiernos patean la mesa con políticas de shock y otros avanzan con el paso lento del gradualismo, el actual administra la crisis con microdosis, placebos y paracetamoles que calman el dolor pero no curan la enfermedad. En una economía que pide cirugía, seguimos poniendo pañitos fríos.

En un país acostumbrado a navegar entre tormentas, todavía hay quienes creen que los grandes cambios pueden llegar en silencio, como si las transformaciones económicas pudieran sembrarse con la delicadeza de un poema. Tal vez por eso la idea de Gonzalo Chávez —esa de que el Gobierno aplica una “política homeopática”— suena casi romántica: microdosis de acción, placebos institucionales, un intento tímido de calmar el dolor sin alterar el alma del sistema.

Pero el romance dura poco. Porque en el intercambio económico diario, no hay metáfora que tape la realidad: Bolivia no está aplicando ni un shock que patee la mesa ni un gradualismo serio que marque una ruta. Lo que tenemos es algo más parecido a paracetamol para un dolor de cabeza, un alivio pasajero que permite sobrevivir la jornada, sin tratar la causa de fondo. Y la causa es estructural: déficit fiscal acumulado, dólar insuficiente, producción gasífera en caída y empresas estatales que sangran recursos públicos.

La advertencia de Chávez se vuelve entonces un diagnóstico: si el shock cambia todo de golpe y el gradualismo avanza paso a paso, la política homeopática se limita a ganar tiempo. Administra el síntoma, evita el estallido inmediato, pero deja intacto el desequilibrio que exige decisiones profundas. En otras palabras, el paciente —la economía boliviana— sigue caminando, pero con la fiebre escondida detrás de una pastilla.

Y en este punto la economía abandona cualquier romanticismo. La realidad siempre presenta la factura. No bastan los anuncios simbólicos, ni las pequeñas medidas de contención, ni los ajustes minúsculos que prometen un alivio que nunca llega al hueso del problema. Bolivia necesita políticas que traten la raíz, no solo la molestia. Porque detrás del paracetamol, el país espera una decisión que deje de maquillar el dolor y empiece de verdad a curarlo.

Redacción central La Paz

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