Luis Arce llegó a la cumbre del Mercosur en Argentina con un mensaje optimista. Frente a sus pares regionales, aseguró que Bolivia atraviesa un proceso de «madurez» democrática, donde las tensiones internas se canalizan a través del diálogo institucional y la legalidad. Mencionó, además, el intento fallido de golpe de Estado en junio de 2024 – que aún no se esclareció – calificándolo como parte de los desafíos promovidos por «intereses sectarios y anticonstitucionales».
Arce aprovechó el escenario para agradecer el respaldo internacional y abogó por una integración regional que trascienda el comercio, proponiendo a Bolivia como un puente estratégico entre el Mercosur y la Comunidad Andina. La adhesión plena de Bolivia al Mercosur en 2024 ha sido presentada por el gobierno como un logro clave en política exterior.
Sin embargo, las reacciones dentro del país muestran una realidad mucho más compleja. En las calles de La Paz, ciudadanos como Juan Mamani critican lo que llaman un «descalabro» generalizado. La escasez de dólares, la inflación que alcanza niveles no vistos en más de una década y la caída de las reservas internacionales han golpeado con fuerza a las empresas y la población. Bloqueos de carreteras, protestas sindicales y enfrentamientos entre facciones del Movimiento al Socialismo (MAS) —divididas entre los seguidores de Arce y los del expresidente Evo Morales— profundizan la polarización política.
En redes sociales, las críticas a Arce han sido directas. Algunos usuarios acusan al presidente de maquillar la situación interna ante la comunidad internacional, mientras la gobernabilidad se erosiona y la corrupción, vinculada supuestamente a familiares del mandatario y deterioran aún más la confianza ciudadana.
No obstante, sectores oficialistas y medios afines defienden el discurso presidencial como un intento necesario por reposicionar a Bolivia en el mapa regional como un país democrático, abierto a la cooperación e integración regional.
A medida que Bolivia se acerca a las elecciones de 2025, la brecha entre el relato oficial y la percepción social marca un desafío crítico para el gobierno de Arce. La estabilidad económica y política, claves para la credibilidad interna y externa del país, siguen siendo metas lejanas en un contexto de creciente incertidumbre.
Redaccion central y agencias
